jueves, 13 de marzo de 2008

"Simon Bolivar" vida y obra

Infancia:
A sí mismo se llamó el Hombre de las Dificultades. No tuvo una infancia feliz ni una educación sistemática. Y los historiadores han acumulado adjetivos para intentar definir el carácter del niño Simón: Indómito y fogoso, trémulo, vigoroso, insolente, de nerviosidad excesiva, indisciplinado. "Un joven corazón sediento de ternura, en rebelión contra una suerte encarnizada en cavar vacíos irremediables a su alrededor". La respuesta siempre a flor de labios, de rápida comprensión y buena memoria, aunque falto de atención. Sensible, franco, impaciente, fácilmente desconcertado, de sentimientos apasionados y, por todo ello, de una cierta y prematura madurez. "Un barrilito de pólvora", le llamó su enérgico tutor Miguel José Sanz. "¡Huya, porque puedo quemarlo!", le respondió el niño Bolívar.
Un jueves de vigilia, en la noche del 24 de julio de 1783, nació Simón Bolívar en la mansión familiar de la plaza de San Jacinto, a cinco cuadras de la catedral, en la ciudad de Santiago de León de Caracas, que así se llamaba entonces y que alberga unos 40.000 habitantes. Su padre, don Juan Vicente de Bolívar y Ponte (1726-1786) era Procurador General de Caracas, Administrador de la Real Hacienda; Corregidor de La Victoria y San Mateo y, ese mismo año, jefe con el grado de coronel del Batallón de los valles de Aragua de las milicias regladas y comandante de la Compañía de volantes del río Yaracuy, lo que ejercía a través de un oficial nombrado por él; era, además, regidor del Cabildo, cargo que los Bolívar desempeñaban a perpetuidad. Su madre, doña María de la Concepción Palacios y Blanco (1758-1792), era descendiente de Francisco Infante, uno de los que acompañaron a Diego Losada en la fundación de Caracas, una "agraciada mujer, educada y muy sociable", a la vez que diligente y hábil en el manejo de los bienes familiares.
Los dos pertenecían al estamento noble de Venezuela, con tradiciones de riqueza, bienestar y preeminencia social. El primer Simón Bolívar, llegado a Caracas en 1598 (a Santo Domingo hacia 1557) también fue Procurador General y primer Regidor Perpetuo de Caracas, y más tarde Contador General de la Real Hacienda. Su hijo, Simón Bolívar, el Mozo, cuarto abuelo paterno del Libertador, obtuvo en 1593 la encomienda de los indios Quiriquire en el valle de San Mateo, ingenio azucarero y hacienda favorita de los Bolívar hasta los día del Libertador. La familia Palacios, por su parte, ostentaba el título consuetudinario de Alférez (abanderado) Real, confirmado una vez más en 1792 a don Feliciano Palacios y Sojo, abuelo del Libertador. Ellos eran dueños de las minas de cobre de Cocorote, del señorío de Aroa, de la hacienda de añil en el valle de Suata, de los hatos de ganado del Totumo y Limón en los Llanos y de la propia casona donde nació Simón Bolívar. Al enviudar, la madre adquiere todavía más: una hacienda de cacao en Tacarigua, otra en Guacarapa y una finca en Chacao, donde inicia una plantación de café. A todo esto se suma la Cuadra Bolívar, donde doña Concepción Palacios construye una quinta de recreo, frecuente sitio de reunión de la mejor sociedad caraqueña.
A la copiosa fortuna familiar vino a añadirse la herencia que directamente y para su disfrute personal vino a recibir Simón cuando sólo contaba con dieciocho meses de vida, de parte su tío el presbitero Juan Félix Jerez de Aristeguieta y Bolívar: su casa de la capital, situada en la esquina de las Gradillas, entre la catedral y el palacio del obispo, y las haciendas de San José en el valle del Tuy, de La Concepción en el valle de Taguaza, y la de Santo Domingo de Guzmán en el valle de Macayra, en total, 95 mil árboles de cacao y los respectivos y numerosos esclavos. Este vínculo obligaba al heredero a bautizar a su primogénito con los nombres y apellidos de Juan Félix Bolívar y Aristeguieta, sin contemplación del apellido materno, y a casarse "con persona noble e igual, a gusto de mis parientes y especialemente de sus padres y mayores". Cuando el joven Bolívar regresó a Caracas recién casado con María Teresa Rodríguez del Toro, sobrina del marqués del Toro, en 1802, la pareja se alojó precisamente en la "casa del vínculo", antes de seguir hacia la hacienda de San Mateo.
Casa natal del Libertadoren la plaza de San Jacinto. caracas. Grabado de Alfredo Greñas, "Papel Periódico Ilustrado", 1883.
Casa natal del LibertadorPlumilla de Arnoldo Michaelsen, 1967.
Casa natal del Libertador Fotografía de Luis Fernando Toro. Casa Museo Quinta de Bolívar, Bogotá.

Pertenecía el futuro Libertador a lo más granado de los mantuanos puros de Caracas, esto es, "a las familias cuyas mujeres tenían derecho a ir a la iglesia con el manto característico del rango más alto de la sociedad". Los Bolívar tenían capilla propia en la catedral, la de la Santísima Trinidad, que vino a ser mausoleo de la familia. Además, su abuelo don Juan de Bolívar Villegas, teniente general de los ejércitos españoles y fundador de la villa de San Luis de Cura, había pagado al monasterio de Montserrat, de Madrid, la suma de veintidós mil ducados para adquirir un título de Castilla, que el rey había concedido a los monjes benedictinos para atender al mantenimiento de su convento. Este título sería el de marqués de San Luis, con el vizcondado previo (o sea, para uso del primogénito en vida del padre) de Corocote. Andado el tiempo, en 1792, el tío Esteban Palacios, padrino de confirmación de Bolívar, viaja a Madrid con el encargo de gestionar la confirmación de ese título para Juan Vicente Bolívar, hermano mayor del Libertador, y para el pequeño Simón, el de conde de Casa Palacios; sin embargo, las gestiones se dilataron durante años y los despachos correspondientes nunca se recibieron.
Con dispensa del obispo, el niño Bolívar fue bautizado en su casa natal por su tío el padre Jerez, con los nombres de Simón José Antonio de la Santísima Trinidad (a los nombres de antepasados se sumó el de la Trinidad, la advocación de su capilla en la catedral). Fue su nodriza de leche doña Inés Mancebo, esposa de Fernando de Miyares, más tarde gobernador de Maracaibo y gobernador general de Venezuela, una dama cubana, vecina e íntima amiga de doña Concepción; en 1813 Bolívar recomendará al gobernador de Barinas: "Cuanto Ud. haga en favor de esta señora corresponde a la gratitud que un corazón como el mío sabe guardar a la que me alimentó como madre. Fue ella la que en mis primeros meses me arrullo en su seno. ¿Qué más recomendación que esa para el que sabe amar y agradecer como yo?" No obstante, su ama de cría fue la esclava negra Hipólita, de la hacienda de San Mateo; Bolívar, en carta a su hermana María Antonia, dice lo siguiente en 1825 : "Te mando una carta de mi madre Hipólita para que le des todo lo que ella quiere; para que hagas por ella como si fuera tu madre: su leche ha alimentado mi vida, y no he conocido otro padre que ella". Al lado de Hipólita estaba también la negra Matea, aya o niñera del Libertador, apenas diez años mayor que él, para atenderle y compartir sus juegos; vivió largos años en San Mateo, donde presenció el ataque de José Tomás Boves a la hacienda y el sacrificio de Antonio Ricaurte en 1814, y entró del brazo del presidente Antonio Guzmán Blanco cuando los restos del Libertador fueron trasladados al Panteón Nacional de Caracas en 1876.
La confirmación de BolívarÓleo de Tito Salas. Casa Natal del Libertador, Caracas.
Juan Vicente Bolívar y PontePadre del Libertador. casa Natal del Libertador, Caracas.

Pero todas las esperanzas que la buena fortuna le habían deparado a Bolívar se truncaron cuando la muerte comenzó a ensañarse en los suyos, empezando por su padre. Don Juan Vicente, que se había casado tardíamente a los 46 años con una joven de 14, falleció el 19 de enero de 1786, a los 60 años. La viuda tenía 27 años, Simón tres, su hermana María Antonia nueve, Juana siete y Juan Vicente cinco. Los dos primeros tenían el pelo oscuro y la tez pálida, los otros dos eran rubios y sonrosados.
Miguel José Sanz, relator de la Real Audiencia, fue nombrado curador ad litem (es decir, por un proceso) del pequeño huérfano, tarea que cumplió por corto tiempo: aparentemente el díscolo Simón no encontró sosiego a su lado y pronto regresó al lado de su mamá. Pero doña Concepción murió también seis años más tarde, el 6 de julio de 1792, quedando sus hijos encomendados a la tutela de su abuelo don Feliciano Palacios y Sojo, padrino de bautismo de Simón. Ese mismo año don Feliciano se apresuró a casar a las dos hermanas Bolívar, a María Antonia de quince años con Pablo Clemente Francia en octubre, y a Juana, que no había cumplido los catorce, con su tío Dionisio Palacios y Blanco en diciembre. Apenas si tuvo tiempo de atender a sus dos nietos, pues murió el 5 de diciembre del siguiente año. Sin embargo, había consultado a Simoncito a cuál de los tíos elegía como tutor, y éste había preferido a Esteban, su padrino de confirmación. Pero Esteban se encontraba en Madrid, así que la tutoría recayó en su tío Carlos, egoísta y severo, con quien las relaciones no fueron nunca fáciles: atendía ante todo al manejo y provecho de la fortuna de los menores, aunque no descuidaba su educación.
En la biblioteca paterna, Simón encontró las Comedias de Calderón de la Barca y las Vidas paralelas de Plutarco, uno de los autores que llegaría a reconocer entre sus preferidos; en sus páginas leería las biografías de los hombres ilustres y de los héroes militares de la antigüedad griega y latina, comparados. También tuvo a mano los trece volúmenes de las Ordenanzas militares, el Teatro critico universal del padre Feijoo, los sermones de Bossuet y los quince tomos del Espectáculo de la Naturaleza del abate Pluche.
JUVENTUD
Son escasos los datos que hablan de Bolívar antes de su viudez; es decir, antes de 1803 cuando aún no había cumplido los 20 años de edad. Se sabe que en su juventud era una persona muy voluntariosa y amante de la libertad, cualidades éstas que puso de manifiesto a la edad de 12 años, al pretender librarse del yugo de su tutor Don Carlos Palacios, su tío materno, concepto éste que, como una obsesión, exaltó durante el resto de su vida y que hizo exclusivamente suyo a partir de su juramento en el Monte Sacro, en Roma, el 15 de agosto de 1805 y que sostuvo con temple de gran tribuno el día 3 de julio de 1811, en la Asamblea de la Sociedad Patriótica, dando origen al nacimiento de la República al proclamar el Congreso Nacional, el día (5 de julio), la independencia de Venezuela.
Su educación:
La educación de Bolívar en esta primera etapa de su vida, estuvo a cargo de varios maestros: Fernando Vides, Carrasco, el Presbítero José Antonio Negrete, Guillermo Pelgrón12 (Lengua latina y Gramática), Simón Narciso Rodríguez (Maestro Principal de Primeras Letras de Caracas), Andrés Bello (Literatura y Geografía), Fray Francisco de Andújar (Matemáticas) y su pariente el Padre Sojo. Su madre no escatimó en gastos para darle a su hijo una buena educación. De todos los maestros citados, Simón Rodríguez, quien se ausentó del país a finales de 1797, fue el que más influyó en su formación, y así lo reconoció Bolívar en varias oportunidades.
Además de las enseñanzas recibidas en Caracas, Bolívar hizo unos cursos de matemáticas en la Academia de San Fernando en Madrid; también estudió por breve tiempo en la Ecole Royale Milítaire de Soreze, al sur de Francia, en 1802. En Madrid, en donde permaneció cerca de dos años (1799-1802), Bolívar cultivó definitivamente su talento y logró una educación sólida; estudió francés e inglés, bajo la inspección de su representante, e1 Marqués Jerónimo Ustáriz y Tovar, quien en Caracas, en su propia residencia, brindó a Bolívar el mejor ambiente para su formación intelectual y en donde pudo superar las fallas de la educación que ya había recibido, pues tuvo la fortuna de convivir con un hombre muy versado en la ideología del siglo XVIII, buen lector de la literatura clásica y poseedor de una magnífica y voluminosa biblioteca, con obras de excelentes y renombrados autores, con cuyas lecturas se embebía el joven Simón Bolívar.
Personajes que influyeron en su formación:
Fueron ejemplos de mucho peso que influyeron en una u otra forma, en la actuación de Bolívar en su edad adulta, o sea en la segunda etapa de su vida enmarcada dentro del período 1804-1827, el mismo maestro Don Simón Rodríguez, el siempre preferido y bien recordado por el alumno; el precursor Francisco de Miranda, el sabio Barón alemán Alejandro de Humboldt, el botánico francés Amadeo Bompland, Napoleón Bonaparte, el Marqués de Ustáriz, Tomás Jefferson, (Presidente de los Estados Unidos, 1801-1809), el escritor francés Carlos de Secondat Montesquieu (1689-1755), el escritor de lengua francesa Juan Jacobo Rousseau (1712-1778), Francisco María Arouet Voltaire (1694-1778), el filósofo Denis Diderot (1713-1784), el filósofo inglés John Locke (1632-1704), y el filósofo francés Etienne Bonnet de Condillac (1714-1780).

Colaboradores del exterior que se ofrecieron a Bolívar:
Entre el período 1823 al 1828, según el eminente historiador Rafael Fernández Heres, en su ensayo Bolívar y Lancaster, publicado junto con otros nueve ensayos por la Sociedad Bolivariana de Venezuela en la obra Simón Bolívar 1783-1983, el Libertador recibió muchas ofertas de colaboración por parte de especialistas y científicos extranjeros, autores de trabajos e investigaciones ya realizados por ellos, que querían se pusiesen en práctica en la Gran Colombia, y cita los siguientes (p. 29-30): Jeremías Benthan, en el campo de la legislación, Londres, 13 de agosto de 1825; Charles Kersall, con su obra Geográfica, 1825; Juan Nicolás Brunner, Lambert Pelegrin y Francisco Avon, junto con otros, se ofrecen para fundar una gran Universidad en Colombia, 1825; Luis Sadoux y Celestine Charrier, profesores franceses de física y matemáticas en el colegio San Louis Le Grand de París, 1826; Nicolás Appert, pedagogo francés, en el envío de obras útiles para las clases menesterosas, París, 30 de agosto de 1827; Rodolfo Akerman, tecnólogo y editor, en el envío de obras, 1828; y, Joseph Lancaster, quien le manifiesta su deseo de establecerse en Colombia para introducir un sistema de educación perfeccionado y reformado, entre la juventud de esa nación, Baltimore, 5 de mayo de 1823.
Otros datos referentes a su niñez y juventudOtros datos referidos a su niñez y juventud lo constituyen: a) La Partida de Bautismo de Simón Bolívar, el 30 de julio de 1783, o sea 6 días después de su nacimiento; b) Partida de Defunción del Coronel Don Juan Vicente Bolívar, el 20 de enero de 1786, o sea que a los 2 años, 5 meses y 26 días, el Libertador quedó huérfano de Padre, quien había contraído matrimonio con Doña Concepción Palacios Blanco, madre del Libertador, el 30 de noviembre de 1773; c) Partida de Confirmación de Don Simón Bolívar, el 11 de abril de 1790, o sea que fue confirmado a los 6 años, 8 meses y 17 días de nacido; d) Partida de Defunción de Doña Concepción Palacios y Blanco, el 6 de junio de
1792, es decir que Bolívar quedó huérfano de madre a los 8 años, 11 meses y 13 días; e) El 3 de diciembre de 1793, muere Don Feliciano Palacios y Sojo, quien estaba a cargo de la tutela de los muchachos. f) Partida de Bautismo de la Señora María Teresa del Toro y Alaiza, en Madrid, el 15 de octubre de 1781 (el mismo día de su nacimiento); g) Partida de Matrimonio de Don Simón Bolívar con Doña María Teresa Rodríguez del Toro, en Madrid, el 26 de mayo de 1802, quien contaba con 20 años, 7 meses y 11 días de edad y su recién esposo cumplía 18 años, 10 meses y 2 días de edad; h) Partida de Defunción de Doña María Teresa Rodríguez del Toro, el 22 de enero de 1803. Apenas duraron 7 meses y 27 días de casados, quedando viudo el Libertador a la edad de 19 años, 5 meses y 29 días. No dejó descendencia. En resumen, Simón Bolívar quedó huérfano de padre a los 2 años, 5 meses y 26 días; huérfano de madre a la edad de 8 años, 11 meses y 13 días; y, viudo a los 19 años, 5 meses y 29 días, o sea que no había cumplido los 20 años, cuando se le murieron sus seres más queridos, quedando completamente huérfano del cariño hogareño, lo cual transformó por completo su vida futura, que de no suceder, jamás Bolívar hubiese sido el Libertador de América, ni el héroe de mayor fama mundial de esa época.
Bolívar y la masonería:
Un aspecto de la actitud voluntariosa y de curiosidad de Bolívar, apenas en su inicio de su segunda época de su vida, al cumplir los 22 años de edad y que ha sido utilizada con insistencia por sus enemigos para denigrar de él y pretender perjudicarlo, fue su decisión de inscribirse en la logia masónica francesa denominada de San Alejandro de Escocia, el 27 de diciembre de 1805, en donde comenzó como Aprendiz; a las dos semanas pasó al grado de Compañero, cuando se requería por el Reglamento, un mínimo de 5 meses (o 5 tenidas) en el grado de Aprendiz. Para llegar al grado de Maestro se exigía haber permanecido 7 meses en el grado de Compañero, a la cual escaló a principios de enero de 1806, y ya para este último año figuraba como Maestro, o sea en el tercero de los grados simbólicos de la masonería. Los lapsos establecidos por el Reglamento podían reducirse previo el pago de una tasa especial por la dispensa. Su efímera pasantía por la logia llegó hasta el año 1806, cuando se salió de ella y más nunca participó en ninguno de sus actos. El mismo Libertador se lo confirma al Coronel Luis Perú de Lacroix13, quien si era masón, cuya confidencia aparece en su libro el Diario de Bucaramanga en su relato de fecha 11 de mayo de 1828, así: que también había tenido él la curiosidad de hacerse iniciar para ver de cerca lo que eran aquellos misterios, y que en París había sido recibido de Maestro, pero que aquel grado le había bastado para juzgar lo ridículo de la tal antigua asociación: que en las Logias había hallado algunos hombres de mérito, bastante fanáticos, muchos embusteros y muchos más tontos burlados: que todos los masones parecen unos niños grandes, jugando con señas, morisquetas, palabras hebraicas, cintas y cordones: que sin embargo la política y los intrigantes pueden sacar algún partido de esa sociedad secreta, pero que en el estado de civilización de Colombia, de fanatismo y de preocupaciones relígiosas en que están sus pueblos, no era político valerse de la masonería, porque para hacerse algunos partidarios en las logias se hubiera atraído el odio y la censura de toda la nación, movida entonces contra él por el clero y los frailes, que se hubieran valido de aquel pretexto: que por lo mismo poco podía hacerle ganar la masonería y mucho hacerle perder en la opinión.
Las relaciones entre la logia y Bolívar fueron a partir de 1807 de mucha indiferencia, pero después éstas se fueron recrudeciendo hasta llegar a convertirse en unos profundos enemigos. En este sentido, en carta que el Libertador le dirige al General Santander el 21 de octubre de 1825, llegó a tildar a todos los que formaban parte de la misma, como Malditos y Charlatanes. Posteriormente, el 8 de noviembre de 1828, el Libertador emitió un decreto prohibiendo su funcionamiento en Colombia, alegando que las sociedades secretas servían solamente para preparar los trastornos públicos, turbando la tranquilidad y el orden establecido; que ocultando ellas todas sus operaciones con el velo del misterio, hacen presumir fundadamente que no son buenas, ni útiles a la sociedad. Este decreto fue promulgado 1 mes y 13 días después del atentado en Bogotá contra Bolívar, en la noche del 25 de septiembre de 1828, y luego de haberse publicado en el órgano de la logia de esa ciudad, se encontró una nota que decía: Puede ser que Obando haga con Sucre lo que nosotros no pudimos hacer con Bolívar. Efectivamente Sucre fue asesinado a los 20 meses y nueve días después (4 de junio de 1830) del atentado contra Bolívar, en Berruecos, a 13 leguas al Norte de Pasto (Colombia), bajo la responsabilidad de personas que pertenecían a la francmasonería.
Edictos de los gobernadores eclesiásticos de Bogotá:
El 3 de diciembre de 1814, los Gobernadores eclesiásticos de Bogotá, lanzaron un edicto contra las tropas del Gobierno General y su Jefe el Libertador, con el pretexto de que ellos venían a saquear las iglesias, perseguir los sacerdotes, destruir la religión, violar las vírgenes y degollar a los hombres y niños, el cual fue interpretado por Bolívar como una excomunión, que luego fue revocado el 16 de diciembre del mismo año con otro edicto en el cual argumentaban todo lo contrario: que Bolívar era un buen y fiel católico. Entre uno y otro sólo transcurrieron 13 días de diferencia, aduciendo los Gobernadores del Arzobispado de Santa Fe, haber sido guiados por falsos informes. En la Nota pasada por Bolívar a los Gobernadores del Arzobispado, con fecha 15 de diciembre de 1814, les expresa que en el tal edicto (del 3 de diciembre) se había denigrado de su carácter y se le había pintado impío e irreligioso, así como autores de muchos delitos contra las personas y las cosas; pero que jamás ha tomado -alega el Libertador- las armas sino para libertar y que en medio de los combates ha confiado siempre en que mi religiosidad contribuyese a mi fortuna, pero que es injusto abusar así de la credulidad de un pueblo que tiene tal confianza en sus sacerdotes. El Libertador espera de ellos procuren reponer su opinión a los ojos de la multitud por medio de una pastoral digna del ministerio de U.U.S.S. y de la verdad14.
Dentro del lapso de los dos edictos, o sea el 9 de diciembre de 1814, Bolívar, en carta escrita a Juan Jurado, le manifiesta su gran preocupación por los comentarios desfavorables que circulaban contra él, diciéndole: Esos cobardes tanto como fanáticos me llaman irreligioso y me nombran Nerón.
Bolívar, creyente católico:
Demostrar que Bolívar era un verdadero creyente y que nunca dejó de ser un fervoroso católico, devoto desde su niñez, junto con toda su familia, de la Santísima Trinidad, constituye el tema principal de la presente obra, intitulada Bolívar Católico, de Monseñor Alfonso de Jesús Alfonzo Vaz, quien le dedica la mayor parte de su libro a transcribir una numerosa documentación que vinculan la fe del Libertador a la religión católica, a Dios , a la Santísima Trinidad y a la Virgen de Coromoto. El objetivo principal del autor es el querer comprobar ante la humanidad, que el Libertador era un creyente convencido, en razón a la opinión de sus enemigos que quieren hacer ver todo lo contrario, no le fue tarea difícil por la abundancia de documentos que pudo recopilar a través de sus investigaciones, tanto en los Archivos Nacionales, Europeos y Colombianos, como en las distintas colecciones de documentos que sobre Bolívar han sido editadas por el Gobierno Nacional y por otras instituciones, públicas y privadas, dedicadas a la divulgación de nuestra historia.
Bolívar se formó en una familia profundamente religiosa. Su fe católica proviene de vieja data, a partir del siglo XVI (1590), con Simón Bolívar el Viejo, quien, según relata Pío Bello Ricardo en su ensayo Bolívar y la Iglesia, publicado en el Anuario de Estudios Bolivarianos, Universidad Simón Bolívar, N°. 1, 1990, obtuvo de Felipe II la fundación del Seminario de Caracas. Su hijo, Simón Bolívar el Mozo, obtuvo el patronato de la Capilla de Santísima Trinidad en la Catedral de Caracas, y ordenado sacerdote después de haber quedado viudo.
Simón Bolívar fue bautizado el 30 de julio de 1783, por un primo sacerdote, de nombre Juan Félix Jerez Aristiguieta, canónigo doctoral de la Catedral; fue siempre un gran devoto del Santo Misterio de la Santísima Trinidad, como se comprueba de sus correspondencias particulares de fecha 25 de mayo de 1823, dirigida a su sobrino Anacleto Clemente, desde Guayaquil; a su hermana María Antonia, el 25 de julio de 1825, y en carta de ella a Bolívar, en el mismo año, así lo expresa.
Entre sus maestros figuraron dos sacerdotes: Fray Francisco Andújar (matemáticas), y el Presbítero José Antonio Negrete (historia y religión).
El autor Pío Bello Ricardo, refiere que el Presbítero Gustavo Oquendo, investigador de la historia eclesiástica de Venezuela, en su artículo Perspectiva Religiosa del Libertador, observa atinadamente que donde puede reconocerse con mayor garantía de autenticidad la mentalidad de una persona es en su correspondencia, aquella que no está dirigida a un auditorio, culto o sencillo ante el cual pueda presumirse la intención del subyacente de congraciarse. Esto vale para cualquier correspondencia no destinada a la publicación, pero de manera especial para la del Libertador, escrita tan frecuentemente a vuela pluma, y a la que él mismo se refería cuando escribía a Santander: No mande Ud., publicar mis cartas, ni vivo ni muerto, porqué ellas están escritas con mucha libertad y con mucho desorden.
Continúa Pío Bello diciendo que en el artículo mencionado indica el Pbro. Oquendo haber detectado no menos de doscientos treinta y ocho pasajes en los que aparece con genuina autenticidad la visión religiosa del Libertador, y no solamente cuando escribe a sus familiares (a su tío Pedro Palacios y Sojo, a su hermana María Antonia, a su sobrino Anacleto Clemente), o a sacerdotes y obispos, sino cuando se dirige a personas como Páez, Sucre, Santander, San Martín, O'Higgins, o simples ciudadanos, casos estos últimos en los que la fraseología religiosa sólo tiene sentido como eco de una auténtica religiosidad interior.
En carta que el Libertador le escribiera desde Pasto, con fecha 10 de junio de 1822, al Obispo de Popayán, Salvador Jiménez de Enciso, en contestación a una de éste de fecha 7 del mismo mes, demuestra Bolívar ser -según interpretación -de Pío Bello Ricardo- un buen conocedor de la teología sobre la Iglesia y concretamente sobre la función episcopal, con cuyos argumentos logró que el Obispo cambiara de opinión y decidiera permanecer en el territorio de la República, y dos años más tarde actuar como intermediario pacificador frente a la rebelión de los pastusos, por encomienda del propio Libertador.
Recién viudo, el Libertador tuvo la oportunidad de visitar al Papa Pío VII. En 1828, el Libertador le escribió a Su Santidad León XII, para agradecerle el nombramiento de los primeros Obispos Republicanos. El 14 de septiembre de 1829, envió carta a Su Santidad el Papa Pío VIII15 , para felicitarlo por su exaltación al Trono Pontificio. Igualmente el Libertador mantuvo contacto epistolar -y para algunos lo fue también personal- con los siguientes Obispos: Narciso Coll y Prat, Caracas; Ramón Ignacio Méndez, Caracas; Rafael Lasso de La Vega, Mérida; Salvador Jiménez de Encizo, Popayán (Colombia); Fernando Caycedo, Bogotá; Leonardo Santander (Quito); José Calixto de Orihuela (Cuzco) y, Juan Muzi, Arzobispo Filipense Vicario Apostólico en Chile.
El Libertador, en sus cartas oficiales o particulares, en sus proclamas, en sus discursos, en sus manifiestos y en sus mensajes, usó indistintamente para demostrar su fe cristiana e implorar la protección de Dios, las siguientes expresiones: Dios, Dios quiere, Dios guarde, Dios Omnipotente, Dios de los Ejércitos, Dios de la misericordia, Dios sabe, Dios de la humanidad, Dios que protege, Ante Dios, Quiera Dios, La Providencia, Providencia Divina, Divina Providencia, Ser Omnipotente, En el Señor y El Cielo. No se puede dudar de la fe católica que profesaba el Libertador, quien en casi todos sus escritos no vacilaba en manifestarlo, como se comprueba al leer la amplia documentación que transcribe el autor Monseñor Alfonzo Vaz en esta obra, que constituye una reedición aumentada y corregida de la primera que se publicó bajo el título Simón Bolívar: ¿Incrédulo o Creyente?, y que por haberse agotado, Monseñor Alfonzo Vaz, como gran admirador de Bolívar y defensor de su fe, se propuso a ampliarla y mejorarla, insistiendo en querer aclarar las dudas que aún puedan existir entre los mismos bolivarianos, pero muy especialmente para los que hoy ignoran la verdadera historia de Bolívar.
Como epílogo de este comentario, a manera de Introducción, consideramos que la mejor de las pruebas para sustentar la religiosidad de Bolívar la encontramos en su Testamento, elaborado siete días antes de su muerte por el propio Libertador. y en el mismo declara estar gravemente enfermo, pero en mí entero y cabal juicio, memoria y entendimiento natural, creyendo y confesando como firmemente creo y confieso el alto y soberano Misterio de la Beatísima y Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, tres personas distintas y un solo Dios verdadero; y en todos los demás misterios que cree, predica y enseña nuestra Santa Madre Iglesia, Católica, Apostólica, Romana, bajo cuya Te y creencia he vivido y protesto vivir hasta la muerte como católico fiel cristiano.
Llegado el momento de la triste despedida, el 17 de diciembre de 1830, fecha inolvidable para los países que integraron la Gran Colombia, como también de muchos otros que se han sumado a la admiración de los venezolanos por el gran héroe. Bolívar al morir, se le cumplió el deseo que expusiera ante un grupo de amigos cuando ya se sentía enfermo: Tienen razón ustedes, nobles amigos míos, por mi cuenta estaba dispuesto a irme, pero echado no debo hacerlo por el honor de Colombia. Además, me siento morir, mi plazo se cumple y tengo que darle a Dios una cuenta terrible como terrible ha sido la agitación de mi vida, yo quiero morir rodeado de mis antiguos compañeros, con un sacerdote a mi lado y con el crucifijo en las manos, no me iré.
Así se opacó la vida del gran héroe, cuya voluntad de libertar a los países subyugados por la corona española, la forjó con el juramento de Monte Sacro, del cual nunca desistió. Apegado a la honra de Dios, luchó con perseverancia para lograrlo, a costa de su propia vida y a costa de la pérdida de sus posesiones. Perdonó a todos los que lo habían ofendido y perjudicado. Exoneró de la pena de muerte a quienes habían intentado asesinarlo. Siempre se comportó como un gran líder y como tal sabía que tenía que pagar un alto precio para mantener su liderazgo. Su fe sobrevivió por encima de su propia vida. En ningún momento dejó de existir. Y por su fe triunfó frente a las conspiraciones, frente a las traiciones de sus propios compañeros, frente a las calumnias y frente a la actitud de los desagradecidos que se beneficiaron con su ayuda, gracias a su sabiduría y a su valor, que supo emplear hasta el día de su expiración.
Bolívar, como héroe, enmarcó su acción guiado por una necesidad superior a su propio interés personal. Vivió para hacer el bien y para dar gloria a varias naciones y murió como fiel cristiano, invocando en su testamento el misterio de la Beatísima y Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, tres personas distintas y un solo Dios verdadero.
PENSAMIENTOSBOLIVARIANOS
Recopilación de Simón Bolívar, el hombre (*)
Bolívar, 1829
Firma de Simón Bolívar
INTRODUCCIÓN
Los programas educativos de escuelas liceos y universidades para las cátedras de historia, que incluyen el estudio de la vida y actividades de el Libertador, requieren además de las biografías del héroe y de libros, en donde se examinen sus actividades en diversos campos de publicaciones como ésta.Estos son breves pensamientos de nuestro Libertador Simón Bolívar, tomados de cartas, discursos y de sus documentos más significativos; no están referenciados, ni tienen un orden específico en el tema ni en el tiempo; están agrupados más o menos alfabéticamente, y representan su apreciación sobre infinidad de tópicos y permitirán al lector comprender el ideario del hombre y del estadista que hubo en él..La interpretación de muchos de ellos hay que hacerla dentro del contexto de lo que quiso decir Bolívar en una situación específica, y no lo que parece decir la frase por sí misma; error en el que caemos comúnmente al analizarlos como una frase aislada, interpretándolas dentro del contexto de nuestra cotidianidad y no dentro del tiempo en el cual fue pronunciada. No obstante a ello, esperemos que los bolivarianos de corazón saquemos de estos pensamientos alguna enseñanza para que quien dijo lo que a continuación sigue, realmente, "no arara en el mar"...
Simón Bolívar nos dijo:
... el que manda debe oír aunque sean las más duras verdades y, después de oídas, debe aprovecharse de ellas para corregir los males que produzcan los errores.
... elevar el monumento consagrado a nuestra reconciliación, a la tregua y al derecho común de los hombres. Bien merecía este monumento ser tallado sobre una mole de diamantes y esmaltado de jacintos y rubíes; pero construido en nuestros corazones.
...pero es dichosísimo aquel que corriendo por entre los escollos de la guerra, de la política y de las desgracias públicas, preserva su honor intacto y se presenta inocente a exigir a sus propios compañeros de infortunio una recta decisión sobre su inculpabilidad.
... Tú me pides que diga que no quiero a nadie. ¡Oh, no! A nadie amo; a nadie amaré. El altar que tu habitas no será profanado por otro ídolo ni por otra imagen...
¡Adiós Colombia! ¡Adiós Libertad! Tan preciosas ambas, ¿Como debemos perderlas sin llorar lágrimas de sangre?.
¡Caraqueños! Nacido ciudadano de Caracas, mi mayor ambición será conservar ese título; una vida privada entre vosotros será mi delicia, mi gloria y la venganza que espero tomar de mis enemigos.
¡Compadezcámonos mutuamente del pueblo que obedece y del hombre que manda solo!.
¡Cuán espantoso es no creer en la virtud!
¡Cuan superior es la suma de las luces a la suma de las riquezas.!
¡Felices aquellos que creen en un mundo mejor! Para mí, este es muy árido.
¡He proclamado la Libertad absoluta de los esclavos.!
¡No creo ninguna cosa tan corrosiva como la alabanza! Deleita al paladar pero corrompe las entrañas.
¡Soldados: la esperanza de las naciones está pendiente de vosotros; dad un nuevo día de gloria a vuestra patria...!
¿Cuán dichosos fuéramos si nuestra sabiduría se dejara conducir por la fortaleza?
¿Dejaremos perecer a Bolivia cuando es el gran trofeo de Ayacucho? No, mi querido general, salvémosla, porque es nuestra hija gratuita, de adopción: nos la ha dado la fortuna, y no el acaso; diré mejor, nos la ha dado el mérito y no la suerte. No podemos negar una hija que ha salido de nuestra mente como Palas de la cabeza de Júpiter, grande, bella y armada.
¿Que importa que yo perezca para que viva un pueblo?.
¿Quiere usted que yo continúe haciendo de Jesucristo sin ser Dios? Esto es muy duro, esto supera mis fuerzas.
¿Seremos capaces de mantener en su verdadero equilibrio la difícil carga de una república? ¿Se puede concebir que un pueblo recientemente desencadenado se lance a la esfera de la libertad, sin que, como Ícaro, se le deshagan las alas y recaiga en el abismo?
Aborrezco mortalmente el mando porque mis servicios no han sido felices, porque mi natural es contrario a la vida sedentaria, porque carezco de conocimientos, porque estoy cansado y porque estoy enfermo.
A la sombra de la ignorancia trabaja el crimen.
A los enemigos no se engaña sino lisonjeándolos.
A nadie de debe forzar a obrar contra su conciencia y las leyes.
Al separarse Venezuela de la Nación Española, ha recobrado si Independencia, su Libertad, su Igualdad, su Soberanía Nacional. Constituyéndose en una República Democrática proscribió la monarquía, las distinciones, la nobleza, los fueros, los privilegios: declaró los derechos del hombre, la Libertad de obrar, de pensar, de hablar y de escribir. Estos actos eminentemente liberales jamás serán demasiado admirados, por la pureza que los ha dictado.
Al silencio de los muertos, sucedieron los vivas a la Libertad.
Amo la Libertad de la América más que mi gloria propia; y para conseguirla no he ahorrado sacrificios.
Ansío por respirar el aire que formó mi vida y ver los primeros objetos que ejercitaron mis primeros sentidos; yo deliro por Caracas, ahora que la aflicción me la ha hecho más interesante; ahora que, libre de mis primeros deberes de la guerra y de la libertad puedo consagrarme todo por entero a aliviar los dolores de una patria que ha gemido tanto tiempo.
Así como la justicia justifica la audacia de haberla emprendido, la imposibilidad de su adquisición califica la insuficiencia de los medios.
Audacia en el plan y prudencia en la ejecución.
Aunque la guerra es el compendio de todos los males, la tiranía es el compendio de todas las guerras.
Aunque me cueste la vida voy a impedir la guerra civil.
Aunque un soldado salve la patria, rara vez es un buen magistrado. Acostumbrado al rigor y a las pasiones crueles de la guerra, su administración participa de las asperezas y de la violencia de un oficio de muerte.
Ay mi amigo, mi aflicción no tiene medida, porque la calumnia me ahoga como aquellas serpientes de Lacoonte.
Bajo la dictadura ¿Quien puede hablar de Libertad?.
Bastante me han criticado por haber hecho el bien a pesar de mi deber.
Bolívar es incapaz de corromper a sus amigos porque nada puede pretender que no sea justo.
Boliviano: nombre que me pertenece antes de nacer...
Cada individuo constituya un problema especial, y debe ser estudiado en su ambiente total y cambiante.
Cada pueblo, cada hombre, sirve para alguna cosa.
Cada pueblo será libre a su modo y disfrutará de soberanía, según la voluntad de su conciencia.
Cesar en las Galias amenazaba a Roma, yo en Bolivia amenazo a todos los conspiradores de la América, y salvo, por consiguiente, a las repúblicas.
Ciertamente, el oro y la plata son objetos preciosos; pero la existencia de la República y la vida de los ciudadanos son más preciosos aún.
Colombia es la palabra sagrada y la palabra mágica de todos los ciudadanos virtuosos.
Como amo la libertad, tengo sentimientos nobles y liberales, y si suelo ser severo, es solamente con aquellos que pretenden destruirnos.
Como ciudadano y como soldado ofrezco mis servicios a la república; ninguno sería más celoso en servirla; y sostendré al gobierno con toda mi influencia y con todas mis fuerzas.
Constancia firme y tino militar serán nuestros derechos positivos.

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